El salón privado de “Aura” estaba envuelto en una atmósfera casi irreal.
Las luces cálidas caían suavemente sobre los vestidos de alta costura, haciendo brillar las piedras bordadas como pequeñas estrellas atrapadas en la tela. El aire olía a perfumes finos, champagne y rosas blancas.
En medio de aquel escenario de lujo absoluto, Esmeralda permanecía frente al espejo principal.
Y por primera vez…
se veía a sí misma como la mujer en la que estaba convirtiéndose.
El vestido negro de tul abrazaba