El silencio en la sala de juntas no era casualidad. Era una estrategia.
Esmeralda lo entendió en cuanto cruzó la puerta.
Las miradas no eran de curiosidad… eran de evaluación. De rechazo contenido. De amenaza disfrazada de cortesía.
Los miembros del consejo del Consorcio Áurea-Villarreal no necesitaban decirlo en voz alta. Para ellos, ella no era la heredera.
Era un error.
Una anomalía.
Una intrusa.
—Comencemos —ordenó Don Maximiliano con una voz firme que no admitía discus