Caricia Villarreal observaba la escena desde la puerta entreabierta, inmóvil, como una figura esculpida en mármol… perfecta, fría, impenetrable. Desde ese ángulo podía verlo todo sin ser vista: la forma en que el abuelo hablaba con Esmeralda, la atención que le dedicaba, el leve cambio en el ambiente que hasta ese momento había sido suyo.
Sus uñas se hundieron lentamente en la piel de sus palmas, marcando una presión que no se permitía exteriorizar.
A pesar de su nombre, Caricia no tenía nada d