~ALESSIA~
Nada más cruzar el umbral del comedor, me fijé que Mila estaba desayunando sola. Los hombres no estaban por ningún lado y la casa estaba en silencio, a excepción del comedor, desde el cual me había llegado el tintineo de los tenedores contra la porcelana de la vajilla, además del delicioso aroma del café.
—¿Queda café para mí? —pregunté, acercándome.
Mila levantó la mirada al escucharme y su rostro se iluminó con una sonrisa cálida.
—Claro que sí —respondió, tomando otra taza