El jardín sur estaba bañado por la luz plateada de la luna cuando Aria llegó. Viktor estaba apoyado casualmente contra la fuente central, y junto a él, sentada en el borde de piedra con las manos atadas y la boca amordazada, estaba Lila.
Al ver a su hermana, el corazón de Aria se encogió. Lila tenía un moretón nuevo en su mejilla, sus ojos verdes brillaban con lágrimas no derramadas.
—Puntual —dijo Viktor con sonrisa burlona—. Bien. ¿Los trajiste?
Aria sacó los planos de debajo de su vestido y