Mundo ficciónIniciar sesiónLa santidad de un lugar se mide no por sus muros, sino por la sangre dispuesta a derramar para profanarlos.
El acero frío penetró entre las costillas de Aria como una caricia letal, deslizándose entre hueso y cartílago con la precisión de quien conocía exactamente dónde golpear. El dolor explosivo la atravesó como un rayo, robándole el aliento y convirtiendo el mundo en una nebulosa de agonia blanca.
Sus rodillas ced







