Mundo ficciónIniciar sesiónLos muros sagrados solo son seguros hasta que alguien deja de creer en lo sagrado.
El estruendo de los arietes contra las puertas principales del monasterio reverberaba por los pasillos de piedra como el latido de un corazón gigante y enfurecido. Aria sostenía al bebé contra su pecho mientras observaba a la Hermana Agnes moverse con una urgencia que contrastaba violentamente con la serenidad habitual del lugar sagrado.
—¡Hermano Marcus, activen l







