Hay hombres que te hacen querer vivir. Y hombres que te hacen temer morir lentamente.
La puerta se cerró con un sonido final que resonó en la habitación como una sentencia de muerte. Damon giró la llave con movimiento deliberado, el metal raspando contra metal, y se la guardó en el bolsillo de su túnica con sonrisa que helaba la sangre. No había escape. Ni siquiera pretendía que lo hubiera.
Lila se escondió inmediatamente detrás de Aria, sus manos aferrándose al vestido de su hermana con dedos