A la mañana siguiente, el sol apenas comenzaba a filtrarse por los ventanales de la oficina.
Cristina estaba sentada frente a su escritorio, revisando unos documentos mientras Jessica, su inseparable amiga y asistente, le servía una taza de café humeante.
Ambas parecían tranquilas, pero el ambiente cargado de silencio hablaba más que las palabras.
—Necesitaba esto —dijo Cristina, tomando un sorbo—. No dormí bien anoche.
—Me imagino —respondió Jessica, sonriendo con suavidad—. Se te nota en los