Capítulo 50

El auto se detuvo lentamente frente a la mansión Carruso, ese lugar que alguna vez fue sinónimo de dolor, silencios y lágrimas para Cristina.

El corazón le palpitaba con fuerza mientras observaba las imponentes rejas abrirse. El sonido metálico retumbó como un presagio.

Elio bajó primero, ajustando su chaqueta, con esa elegancia natural que siempre lo caracterizaba. Luego abrió la puerta del auto y extendió la mano hacia Cristina. Ella dudó unos segundos antes de aceptarla. Bajó con suavidad, s
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