La escena quedó suspendida en el aire, con los tres atrapados entre el pasado, el amor y el dolor. El silencio se volvió insoportable. Cristina, con el corazón latiéndole con fuerza, miró a Elio, que aún respiraba con dificultad, la sangre marcándole el labio. Luego, su mirada se dirigió a Rubén, que permanecía quieto, con el rostro endurecido por la impotencia.
—Cristina —dijo él, con voz tensa, dando un paso hacia ella—. Déjame hablar contigo, Cris… por favor.
Ella bajó la mirada, temblando.