Cristina había salido temprano esa mañana. El frío de la ciudad todavía se colaba en sus huesos mientras tomaba un taxi hacia el centro comercial donde había quedado de encontrarse con Enzo, un viejo amigo de la familia y uno de los pocos en quienes podía confiar.
El lugar estaba repleto de gente entrando y saliendo, cargando bolsas, tomando café, riendo con despreocupación. Cristina, en cambio, sentía un nudo en el estómago; aquella reunión podía significar la diferencia entre salvar la empres