Cristina se había despedido de Enzo hacía apenas unos minutos, pero las palabras de su amigo aún resonaban con fuerza en su mente. La situación de la empresa era mucho peor de lo que ella había imaginado: deudas acumuladas, proveedores molestos, clientes que amenazaban con retirarse y, lo más grave, la falta de liquidez inmediata para sostener los proyectos. Caminaba por el centro comercial sin rumbo fijo, tratando de ordenar sus pensamientos.
El murmullo de la gente, las luces brillantes de la