– El peso del miedo
El auto de Rubén se detuvo frente a la casa de los padres de Cristina con un chirrido sordo sobre la grava. El motor se apagó, dejando que el silencio de la madrugada cayera sobre ellos como una losa pesada. Durante todo el trayecto desde el escondite en la carretera, ninguno de los dos había pronunciado una sola palabra, pero la tensión en el habitáculo era casi sólida.
Rubén soltó el volante, notando que sus propios nudillos estaban blancos. Miró a Cristina. Ella estaba i