Cristina caminaba de un lado a otro en su habitación. El corazón le latía con fuerza, como si quisiera escaparse de su pecho. Había llegado el momento que tantas veces había postergado, el momento de contarle a Isaac una parte de la verdad. Miró el reloj; la noche avanzaba y el silencio del hotel era casi absoluto. Decidió que no podía esperar más.
Con pasos lentos, salió de su cuarto y caminó hacia la habitación de su hijo. Se detuvo frente a la puerta, respiró hondo y tocó con suavidad.
—Isaa