– Ruinas de grandeza
El ambiente en el club era pesado, una mezcla de perfume caro, tabaco y el eco de una música que parecía burlarse de la soledad de sus clientes. Rubén y Cristina entraron con paso decidido, atrayendo las miradas de los pocos socios que aún quedaban a esa hora. No tardaron en localizarlo. En la esquina más apartada, bajo una luz mortecina que acentuaba las ojeras en su rostro, Elio Caruso parecía un fantasma de sí mismo.
Tenía la camisa abierta, la corbata deshecha sobre la