– El peso de la pluma
El aire acondicionado de la oficina principal de la corporación Caruso zumbaba con una monotonía metálica que solo acentuaba el silencio sepulcral que reinaba entre Elio y su abogado. Sobre el escritorio de cristal, los documentos del divorcio parecían brillar con una luz propia, acusadora. Elio los miraba fijamente, como si fueran una sentencia de muerte en lugar de un trámite legal. Sus dedos, usualmente seguros y firmes al cerrar tratos de millones de dólares, temblaban