Óscar levantó la vista y miró a Elio. Verlo allí, de rodillas, con esa expresión de desamparo absoluto, tocó una fibra que ninguna prueba de ADN o carta póstuma podría romper jamás. Recordó haberlo cargado en sus hombros, recordó las noches en las que Elio, de niño, lo esperaba despierto para que le contara sobre los negocios. Recordó la lealtad inquebrantable que Elio le había mostrado siempre, incluso por encima de Roxana. Treinta años de paternidad real no podían ser borrados por la ausencia