Elio salió de su oficina con el rostro serio, pero por dentro estaba hecho un caos. Sentía como si el suelo hubiera desaparecido bajo sus pies.
Cristina… ya no le pertenecía.
Ahora, según él, su corazón le pertenecía a otro hombre.
Mientras caminaba por el estacionamiento, sacó su teléfono y marcó con fuerza el número de su asistente.
—¿Aló? —contestó la voz del hombre.
—Quiero saber qué edad tiene el niño —dijo Elio sin rodeos, con un tono helado—. Quiero toda la información sobre él… lo antes