– El refugio de la verdad
El sol de la mañana se filtraba suavemente a través de unas cortinas de algodón claro, muy distintas a los pesados cortinajes de terciopelo de la mansión Caruso. Óscar abrió los ojos con lentitud, sintiendo una extraña ligereza en la cabeza. Por un momento, la desorientación lo invadió. El techo era más bajo, el aire olía a café recién hecho y a pan tostado, y el silencio no era el vacío sepulcral de su casa, sino uno lleno de vida doméstica.
Al incorporarse, se dio cu