Laura la miró con fascinación y un toque de horror.
—Tú sí que sabes actuar, tía —dijo con una sonrisa torcida.
Roxana soltó una risa baja, elegante, pero llena de veneno.
—Querida, llevo años actuando. He interpretado el papel de esposa devota, de madre preocupada, de mujer ejemplar. Y mírame ahora: viviendo en la mansión Caruso, con todos los lujos que soñé. —Bebió otro trago de vino—. No se llega tan lejos sin saber mentir bien.
Laura la observó con una mezcla de admiración y curiosidad.
—Di