El silencio es sepulcral.
La cara de Lorenzo es de furia. Mientras que, la de Gianna es de decepción total.
—Bien. Estoy esperando —habla Lorenzo entre dientes.
Levanta un documento.
—Sabía que ocultaban algo, y lo reafirme cuando fuimos a Miami. Pero, la llegada de este documento anónimo, lo confirmo.
Me renuevo.
—¡Esto! —mueve el documento —Es el acuerdo que firmaron —entrecierra los ojos —Le has pagado diez mil dólares para esta farsa.
—¿Quién te los hizo llegar?
—No tiene remitente —niega.