CINCO AÑOS DESPUÉS.
Me detengo en la puerta de la cocina y veo como Brandon, Bate uno de sus pasteles, mientras a su lado está su inseparable ayudante.
Leila.
Ya tiene cinco. Y es como un petardo, Renzo y yo a veces nos hace falta energía para lidiar con ella. Debemos mantener las puertas cerradas por si las dudas.
Ella es el calco de su padre, con ojos y cabello negro. Sin embargo, es rizado y abundante como el mío.
—Quiero glaseado.
—No. Es para el pastel —espeta Brandon —Además, eso será com