Capítulo Treinta y Ocho

POV RENZO.

Sentado en una sé las sillas al fondo del jardín, Veo a Darío intentar animar a mi hermana.

También, puedo sentir los ojos de mis padres sobre Mí. Y, no dejo de mirar la maldita puerta de la casa cada minuto que pasa para verla salir.

Pero no sucede.

Mi familia sabe lo de nuestra farsa.

Estoy a punto de perder todo por el que, he trabajado por años.

Pero, lo que deja un malestar en mi estómago, son las palabras de Sam.

Me enamoré de ti.

Sus ojos reflejaban un dolor que no espere ver.
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