— No. No. No — canto en tono serio — No voy a tomar tu tarjeta.
Renzo me regala una mirada brillante.
Está de pie, en medio de la habitación, vistiendo solo los pantalones de pijama y el torso descubierto, mientras me tiende su tarjeta de crédito extendida.
— Solo cógela y compra algunas cosas — se lleva la mano y aprieta el puente de su nariz — Mi hermana va a pensar que soy un tacaño. Se supone que eres mi esposa.
Resoplo.
— No me siento cómoda.
— Solo tómala y compra lo que creas conveniente