43. El juramento de lealtad de los Caballeros de las Sombras
En las profundidades subterráneas de Seattle, a cientos de metros por debajo del bullicioso Puerto Norte, bañado por la lluvia, se ocultaba un mundo que no figuraba en ningún mapa. No había letreros, ni ventanas, ni ningún acceso que los satélites gubernamentales pudieran rastrear.
Este búnker, revestido con hormigón y acero de dos metros de espesor, era el centro neurálgico del Imperio de las Sombras, el reino clandestino de Daniel Hartwell. Desde allí se controlaban todas las operaciones ilega