27. La historia detrás de cada cicatriz
El aire en la cocina, decorada en tonos plateados y negros, pareció quedarse repentinamente sin oxígeno. El sonido de la mantequilla chisporroteando en la sartén pareció desvanecerse, reemplazado por los latidos desbocados del corazón de Bianca, que resonaban ensordecedoramente en sus oídos. Se quedó paralizada, contemplando con horror la red de cicatrices que pintaban la ancha espalda de Daniel Hartwell.
Aquellas gruesas líneas de latigazos se entrecruzaban, formando una obra maestra de pura c