144. Las cicatrices de la devoción
Bianca contenía el aliento, con los ojos fijos en la pantalla del monitor. El rostro del joven en la fotografía reflejaba una dureza abrumadora. Daniel permanecía petrificado en su silla de escritorio. Los músculos de su mandíbula temblaban, conteniendo una avalancha de emociones. Esta traición dolía de un modo mucho más personal que cualquiera de las amenazas a las que se habían enfrentado hasta ahora.
—Se llamaba Ezio —la voz de Daniel rasgó el silencio de la habitación. El hombre tragó saliv