14. Las cláusulas del pacto con el diablo
El viaje de regreso desde aquel pequeño campo de batalla se antojaba surrealista. Al otro lado de las ventanillas insonorizadas del Maybach, la empapada ciudad de Seattle pasaba a toda velocidad como un borrón de luces de neón y tráfico nocturno. La lluvia torrencial golpeaba el cristal, pero dentro del coche, el ambiente era tan silencioso y sereno que Bianca podía oír el suave zumbido del aire acondicionado y los latidos de su propio corazón, que aún retumbaban con fuerza.
No regresaron al edi