Mundo ficciónIniciar sesiónEl silencio en la sala de operaciones de Ginebra era del tipo que precedía a las catástrofes. Valentina yacía en una camilla médica, conectada a monitores que traducían su agonía interna en líneas verdes que parpadeaban con irregularidad preocupante. Las quemaduras que Adrián le había infligido no eran visibles en su piel, pero cada célula de su cuerpo gritaba con un dolor que ningún analgésico podía tocar.
—Dos semanas —repitió el médico de los Primeros, un hombre cuya edad era imposible de determinar—. Mínimo. Su estructura celular está colapsando desde dentro. La regeneración híbrida está trabajando, pero necesita tiempo.
Mei manipulaba hologramas frente a ella, su rostro iluminado por datos que se actualizaban constantemente. —No tenemos dos semanas. Adrián se movió hace tres horas. Perd&ia







