Mundo de ficçãoIniciar sessãoLos treinta y dos dedos se tensaron sobre los gatillos, y el tiempo pareció congelarse en ese instante eterno donde la muerte esperaba su turno para danzar. Entonces Elena se movió, y su velocidad transformada la convirtió en un borrón que apareció frente a nosotros, sus brazos extendidos como alas protectoras.
—Es mi hermana —dijo con voz que resonó en el hielo—. Mi responsabilidad.
La líder de los Primeros inclinó su cabeza, estudiando a mi madre con esos ojos que habían visto imperios caer.
—Entonces mueren juntas, traidora.
No hubo cuenta regresiva. No hubo advertencia. Las armas simplemente comenzaron a dispa







