La cavidad bajo Svalbard tenía su propia ecología del silencio.
No era el silencio del vacío ni el silencio de la muerte. Era el silencio de algo que respira sin pulmones, que piensa sin prisa, que existe en una escala temporal ligeramente desplazada de la del resto del mundo. Tamara lo notó en cuanto sus piernas volvieron a sostenerla y Damián soltó su brazo con la lentitud de quien no está completamente seguro de que el suelo sea firme.
Valentina los esperaba de pie en el centro de la cavidad