Capítulo 85. El rastro de la esperanza.
El sol de la mañana se colaba por las rendijas de las persianas en la habitación de Ares donde dormía Harry, dibujando líneas de polvo dorado en el aire.
Ares estaba sentado en el sofá sin quitar la vista de su hijo. No había podido dormir.
Sus ojos, enrojecidos y secos, vigilaban el sueño de su hijo con la intensidad de un centinela que teme que, si parpadea, el mundo se desmoronará.
La casa estaba en un silencio sepulcral. Abajo, el servicio ya había terminado la purga. No quedaba ni un fras