Capítulo 84. Un nombre nuevo.
—Tranquila, tranquila —Martha se sentó en la cama y la abrazó.
Olía a jabón de lavar y a pan.
—Si tienes a alguien, Dios se encargará de cuidarlos mientras tú sanas. Ahora tienes que ocuparte de ti. Si tú no estás bien, no le sirves a nadie.
Lyanna se dejó abrazar, llorando hasta que el vacío en su pecho se convirtió en un dolor sordo y constante, una compañía con la que tendría que aprender a vivir.
Cuando se calmó, Martha se separó y le señaló una silla donde había dejado una pila de ropa do