Capítulo 74. El despertar de un hombre frío.
El río no era agua esa noche. Era una bestia negra, hinchada y violenta que rugía con la fuerza de mil demonios, arrastrando troncos, piedras y lodo en una carrera suicida hacia el valle.
La tormenta, lejos de amainar, parecía haberse concentrado justo encima del barranco, como si el cielo mismo quisiera borrar cualquier rastro de esperanza que quedara en la tierra.
Ares Valerián, estaba metido hasta las rodillas en el fango de la orilla, luchando contra la corriente de aire y agua que intenta