Capítulo 66. El sello de la piel.
La lista de reproducción de rock clásico había dado paso a un silencio denso y cómodo, solo roto por el zumbido lejano de la ciudad que nunca duerme y que, sin embargo, parecía haber guardado respeto por el piso cincuenta de la Torre Hawk.
La caja de pizza había sido apartada a un lado, olvidada. El vino se había calentado en las copas.
Eris y Silas seguían en la alfombra, pero la posición había cambiado. Ya no estaban sentados frente a frente.
Silas estaba recostado contra la base del sofá,