Capítulo 46. Negociaciones con un terrorista de cinco años.
La limusina blindada cruzó las puertas de la Mansión Valerián, dejando atrás el caos de la ciudad y el eco de los flashes. El silencio de los jardines de Ares era balsámico, pero Eris seguía tensa. Se frotaba las manos inconscientemente, como si intentara quitarse la sensación de haber sido tocada por cientos de ojos extraños.
Silas la observó todo el camino, pero fue lo suficientemente inteligente como para no agobiarla con preguntas. Solo le mantuvo la mano sujeta, un ancla física en medio de