Capítulo 16. El error de cálculo.
El beso no terminó; se rompió. O, mejor dicho, Silas lo rompió con tres palabras.
Estaban jadeando, con las frentes unidas, envueltos en la burbuja de calor que habían creado en medio del viento helado del mirador.
Los labios de Eris estaban hinchados, rojos y palpitantes. Su cuerpo, traicionero y vivo, seguía vibrando contra el pecho duro de Silas, sintiendo cada latido acelerado del corazón de él como si fuera el suyo propio.
Por un minuto glorioso, Eris se había permitido olvidar. Había olv