Capítulo 144. Hora de ponerse la armadura azul.
El maletín con el dinero cayó al suelo con un golpe sordo, olvidado, uniéndose a los restos del pasaporte destrozado. Ya nada de eso importaba.
El beso se volvió una colisión. Ares la besaba como si quisiera respirar a través de ella, como si Lyanna fuera el único oxígeno en una habitación que se quedaba sin aire. Sus manos, grandes y firmes, recorrieron la espalda de ella, apretándola contra su pecho, ignorando el dolor punzante en su brazo herido.
Lyanna respondió con la misma urgencia. Sus d