Capítulo 145. La guerra había comenzado.
A las ocho y media de la mañana, la limusina blindada de Ares se detuvo frente a las escalinatas de mármol del Tribunal Superior de Justicia.
Si la salida del hospital había sido un caos, esto era el infierno.
Había cientos de personas. Un mar de cámaras, micrófonos y pancartas. Pero lo peor no era el ruido; era el odio. La gente gritaba consignas que golpeaban los vidrios del coche como piedras.
"¡JUSTICIA PARA LENA!" "¡ARES MONSTRUO!" "¡DEVUELVAN AL NIÑO!" "¡ENCIERREN A LA IMPOSTORA!"
Dentro