Capítulo 117. No confiaste en mí.
—Maldita sea. Es esa perra Greta. Seguro le llenó la cabeza de mentiras hasta romperla.
La confirmación fue como un golpe de martillo en el pecho. Era ella. La víbora no había perdido el tiempo. Había usado su conocimiento sobre la amnesia de Lyanna para tenderle una trampa perfecta.
—¿Hacia dónde se fueron? —preguntó Ares, guardando el teléfono.
—Salieron por la puerta de atrás —dijo el empleado—. La rubia tenía mucha prisa. Dejaron esto en la mesa.
El hombre señaló la mesa del rincón.
Ares se