Capítulo 10. Pan, mentiras y miradas que desnudan.
En cuanto el camarero se retiró con la orden de las langostas, un silencio denso cayó sobre la mesa. No era un silencio incómodo; era eléctrico. Como el aire antes de una tormenta de verano.
Silas no le quitaba los ojos de encima. La miraba como si fuera un código encriptado que estaba desesperado por descifrar.
Eris, por su parte, decidió que la mejor defensa era el ataque… a la cesta de pan.
Rompió un trozo de baguette crujiente. El sonido resonó en la mesa.
Silas observó cómo ella se lle