Capítulo 9. Cenando con el rival.
Eris divisó la mesa número cuatro. Sus ojos se encontraron con los de él y, en lugar de bajar la mirada con timidez o adoptar una expresión de femme fatale, le dedicó una mueca divertida, alzando una ceja como diciendo: "¿En serio? ¿En la esquina más oscura?".
Silas se puso de pie. Fue un reflejo automático, un residuo de la educación estricta que había recibido, que ni siquiera su paranoia podía suprimir. Se alisó la chaqueta, sintiéndose repentinamente demasiado abrigado, demasiado expuesto.