El primer beso de amor.
La plática se había entendido demasiado, sobre todo para un hombre tan de pocas palabras como lo era Vladimir. Era que con ella todo fluía con naturalidad y espontáneo. Algo que nunca le había sucedido antes con ninguna mujer.
Las mejillas de la blanca piel de Rafi estaban sonrojadas por el alcohol, no se había dado cuenta de cuánto había bebido, la burbujeante champaña estaba tan deliciosa que no la sentía pesada en el paladar.
— Mesero, traiga la cuenta. — Pidió el castaño para pagar.