El silencio que siguió a las palabras de Luciano fue devastador.
Fátima permaneció inmóvil.
Las lágrimas descendían por sus mejillas mientras intentaba procesar lo que acababa de escuchar.
Gabriel tampoco habló.
Porque por más que quisiera refutarlo, existía una parte de él que sabía que aquellas palabras contenían una verdad incómoda.
Una verdad que durante años habían evitado mirar de frente.
Luciano los observó a ambos.
Y cuanto más los miraba, más furioso se sentía.
No por Judith.
No únicam