La furia de Gabriel Trovatto no disminuyó durante el resto de la tarde.
Al contrario.
Cada documento que revisaba.
Cada informe que leía.
Cada cláusula que descubría.
Solo conseguía aumentar su frustración.
Había llegado a Alborada convencido de que encontraría a Alonso derrotado.
Humillado.
Despojado de poder.
Pero la realidad era completamente distinta.
Su sobrino había desaparecido del tablero dejando todas las piezas acomodadas.
Y, para empeorar las cosas, una fortuna imposible d