El restaurante era uno de los más exclusivos de Alborada. Luces cálidas suspendidas sobre mesas perfectamente vestidas, copas alineadas con precisión, y un murmullo bajo que no interrumpía la privacidad de las conversaciones importantes. Allí no se cerraban citas románticas.
Se cerraban imperios. Alonso entró exactamente a la hora pactada. Ni un minuto antes. Ni uno después.
Su presencia no necesitó anuncio. El maître lo reconoció de inmediato y lo condujo hacia el fondo del salón, donde una m