La noche parecía haberse vuelto más oscura.
Mientras el convoy avanzaba por los caminos que conducían a la propiedad de los Trovatto, Vega permanecía sentada en el asiento trasero del vehículo sin apartar la mirada de la ventana. Las luces atravesaban brevemente la vegetación antes de desaparecer nuevamente entre las sombras. Su corazón no dejaba de latir con fuerza. Demasiada fuerza. Como si intentara advertirle algo. Como si cada segundo que pasaba fuera importante.
El asistente de Alonso obs