La noche había caído sobre Alborada con una serenidad engañosa.
Villa El Roble descansaba envuelta en el silencio de las horas tardías, cuando incluso el viento parecía moverse con más suavidad entre los jardines. En la habitación principal, la tenue iluminación de una lámpara dibujaba sombras cálidas sobre las paredes mientras Vega permanecía sentada en la cama revisando algunos documentos desde una tableta.
Su recuperación avanzaba lentamente.
Todavía existían molestias.
Todavía había días di