Han pasado semanas desde aquella noche de promesas en la clínica. En el penal, la guerra entre Mauricio y Paolo ha continuado sin tregua.
Padre e hijo se han estado atacando mutuamente en los patios y a través de sus abogados, sin tener compasión alguna, destrozando lo poco que quedaba de su vínculo de sangre mientras esperan el juicio de acusación que los hundirá definitivamente. En paralelo, Dalia sigue en pie, firme y recuperada, dispuesta a enviar a Mauricio a la cárcel de por vida al contar