Días después
La vida había recuperado un ritmo que Aurora llegó a creer imposible mientras estaba cautiva. Las semanas no solo trajeron consigo la sanación de las heridas físicas, sino una transformación profunda en su espíritu.
Cada mañana, al despertar y ver la luz filtrarse por los ventanales de la mansión, recordaba que el miedo era ahora un invitado que ya no tenía permiso de quedarse. Su programa de televisión se había convertido en un fenómeno; no por el morbo de su propia tragedia, sino